PASEO POR EL PASADO
ACTUAL
Hoy, por primera vez de que soy
madre, he paseado por el barrio de mi infancia. Había pasado por allí en coche
un millón de veces pero nada me decía aquella calle, con las casas de mis
recuerdos cayéndose o desaparecidas y en su lugar modernos edificios.
Pero hoy, de la mano de mis niños
he rescatado la mirada mi yo niña, asombrada por el cambio.
La casa donde yo vivía, un
pequeño edificio de tres pisos, es de las pocas que se conservan desde entonces
y la única abandonada, con un aire fantasmal de tiempo congelado. El pequeño
patio de cemento en la parte frontal del edificio, ahora aparece agrietado, y por esas grietas se cuelan frutos de la Tierra: verde hierba que le da un aspecto sobrecogedor de lugar fuera del
tiempo, de risas silenciadas de otras épocas.
Y reviví mi infancia en aquel
patio, mirando el abandono actual, como un anacronismo del pasado. Se mantiene
en pie aquella vieja casa entre
edificios deslumbrantes. Y en ese oasis de pasado, vejado por el tiempo, mis
ojos perdieron sus arrugas y volví a mi inocencia infantil, a sentir las risas
de aquellos niños que fueron mis compañeros de juegos, sentí también el miedo y
el desamparo porque mi mamá estaba cerca, vigilante pero lejana, inaccesible. Su mirada reprobadora me hacía temblar, solo
buscaba aquello era mío, lo que me pertenecía por derecho: su amor. Pero ella no
estaba dispuesta a ofrecerlo, demasiada era su hambre, su ceguera, para poder ver
el hambre de una niña.
Y así, mirando y buscando y
esperando, me perdí, perdí la mirada inocente con la que miran el mundo los
niños, ese momento infinito donde la eternidad se funde con el presente y el
ahora lo es todo porque los niños en su esencia saben que no existe otro momento.
Y así de la mano de mis niños
recuperé la mirada inocente y el perderse en el
momento. De la mano de mis niños pude volver a mirar la niña que fui, y
amarla, sin los juicios de mi madre.
La niña que se escondió, para ser
del agrado de su madre, para no sufrir, y escondida se olvidó de la magia de la
vida, de la caricia de la brisa, de la musicalidad de la risa, de la eternidad
en las manos, y se olvidó…. Y el dolor se abrió paso e inundó el campo,
marchitó las flores y la niña se durmió.
Y ahora, de la mano de mis niños
sumergida en su océano respiro en el mío, el agua atraviesa mi piel y mi piel
se funde con el infinito. Ahora que soy madre puedo volver a vibrar con la
emoción de una niña. Y esto, renacer del olvido de la mano de mis niños, es sencillamente
sanador. La niña que fui, sale de su escondite y quiere volver a oler lo que la
brisa trae.
Gracias Brandán, gracias Aroa por
haber elegido mi útero como primera morada.
Hermoso, grande...como tú, Mónica. Aquí te seguiré. Besos y abrazos. Gema.
ResponderEliminarGracias Gema,lo cierto es que ha sido un arrebato. Ni lo he preparado, fue tan intenso lo que sentí delante da la casa donde viví de niña que quise transcribirlo y para no perderlo pensé en un blog.
ResponderEliminarNo sabia que era tan fácil y rápido crear uno.
Besos.